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Artículo: El conflicto en la novela

Juanjo llega tarde a la universidad. Conduce su bici tan rápido que no repara en ella. La siente cuando ya la tiene encima y no puede hacer otra cosa más que girar tan rápido el manillar que cae de bruces.

—¡Eh! ¿Estás bien?

No, no está bien. Solo que al abrir los ojos y encontrarse con los suyos, el dolor deja de importar.

—¿Cuántos dedos ves?

Los dedos le importan un pimiento, pero le parece bien que la chica haga esa pantomima con tal de seguir disfrutando de su mirada.


Este podría ser el inicio de cualquier novela romántica. Chico conoce a chica de una manera fortuita. Entendemos que después de este encuentro, al menos Juanjo querrá que haya más. Supongamos que consigue quedar de nuevo con ella —que digamos que se llama Valentina, para hacer esta explicación más fácil—. Si todo va bien, a ese encuentro le seguirán muchos más y la trama principal de la historia, que es el amor que se profesan Juanjo y Valentina, acabará con un noviazgo, posible boda y ese comieron perdices que tan buen sabor de boca deja.


¿Es entonces esta una posible novela romántica?


Podría, solo que, para poder serlo, le falta un ingrediente fundamental: el CONFLICTO. O varios de ellos.


Iremos por pasos. Para que la historia de amor de Juanjo y Valentina se convierta en una novela romántica, debe pasar algo o varias cosas que se interpongan entre Juanjo y Valentina.


En narratología, el conflicto narrativo es la oposición frontal de dos bandos. Fuerzas que empujan en direcciones opuestas.



Un concepto que viene del planteamiento aristotélico de los tres actos: planteamiento, nudo y desenlace. En el planteamiento suele haber un detonante, un punto de inflexión. En el nudo se introduce el conflicto que dificultará la consecución de los deseos del protagonista.


A esta estructura clásica, le siguieron otras teorías súper chulas. Compartimos hoy la de Syd Field para que vayáis pensándola. Introduce esos maravillosos puntos de giro que enganchan y sorprenden al lector, acontecimientos que hacen girar la historia:



Definiciones de conflicto hay muchas, pero sigamos con nuestros chicos:


Cuánto más la miraba, se afianzaba con más fuerza la idea de que la conocía de algo.

—¿Cómo te llamas?

—Soy Valentina, estudiante de segundo de medicina. —Su acento le confirmó que no era española—. Espero que el examen de anatomía de la semana que viene me ayude contigo.

«Joder, no puede ser», pensó Juanjo. No podía creer en su mala suerte. O quizá se equivocaba. Cerró los ojos y los volvió a abrir. La imagen le vino como un flash. Una chica de enorme sonrisa que lo miraba cada día desde una foto cuadrada en su frigorífico. La novia parisina de su compañero de piso, esa de la que él no paraba de hablar.


He aquí el conflicto. Valentina es la novia del compañero de piso de Juanjo. Eso hace que esté prohibida para Juanjo, porque su compañero es un buen amigo.


¿Qué hacemos ahora, Juanjo? ¿Qué harás tú, Valentina?


He aquí otro de los ingredientes fundamentales para crear un conflicto potente: la motivación de nuestros personajes.


Juanjo podría elegir olvidar a Valentina y a otra cosa mariposa. Total, tampoco le ha declarado amor eterno. Solo ha tenido un encuentro insignificante con ella.


O no.


Para que el conflicto crezca, la motivación de Juanjo debe crecer también. La fuerza que lo empuja hacia ella. Su interés por conseguir su amor debe ser inquebrantable; tanto que sea capaz de vencer todos los obstáculos (partes del conflicto) que se interpongan en su camino.


No es preciso que nuestro protagonista, de base, sea un tipo implacable. Recuerda que los protagonistas imperfectos suelen dejar más huella. Será el conflicto el que le haga sacar cualidades de sí mismo que quizá no había necesitado plantearse hasta ahora.


Eso sí, a la hora de resolver posteriormente el conflicto, conserva la coherencia de tu personaje. Ten en cuenta sus creencias, las del entorno en el que vive, su edad, su bagaje… No vale que empiece como Harry Potter y al final resuelva como Aquaman. Tú ya me entiendes.


Al conflicto romántico, que es el que hemos planteado aquí, se le pueden añadir otro tipo de conflictos que estén entrelazados en la trama para hacerla más jugosa. Recuerda que lo que engancha al lector, es la tensión que produce ese algo que aún no está resuelto.


Tipos de conflictos hay muchos: políticos, religiosos, bélicos, históricos, social-cultural, interno, familiar.


Ahora bien, no nos pongamos dramáticos. No necesitamos un gran conflicto a lo Romeo y Julieta, no es preciso que corra la sangre ni que nadie se tenga que convertir en vampiro a lo Crepúsculo. Todo depende de la historia que quieras crear.


Una de las cosas importantes para un buen desarrollo de ese conflicto es no revelar demasiado para que el lector te pille, pero sí lo suficiente como para que no te tome por un impostor y termine perdido en un mar de dudas.


Dale a tu lector una lupa pequeña que lo haga sentir importante mientras tú manejas la gran lupa mágica de aquel que se sabe con todos los hilos en la mano.


Para terminar, os dejamos el Modelo Actancial de Greimas. Analiza a los personajes de un texto narrativo en función de los roles que desempeñan en el mismo. Introduce el concepto de Actante, esto es, una unidad autónoma con capacidad de acción.



Unas últimas preguntas para ver cómo va tu historia, ¿de acuerdo?



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