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Ejercicio 1 de Escritura Creativa para RomaWrimo: relato corto enlazado

"Hay un monstruo gris en mi cocina"


Hay un monstruo gris en mi cocina. Lo observo desde mi escondite y aguanto la respiración. El corazón bombea con tanta fuerza que los latidos se agolpan uno tras otro en mi garganta.


Tengo que salir, pero el miedo me paraliza. Respiro y cuento hasta diez esperando que en algún momento de esa cuenta atrás, aparezca el valor.


Se dirige hacia el pasillo, cada vez más cerca de mi escondite. Cierro con fuerza los ojos imaginando que así no podrá verme. Contengo la respiración y llevo mis manos a la boca para evitar emitir cualquier sonido que delate mi paradero. Sin salida, palpo la pared a mi espalda hasta encontrar la pequeña hendidura que estoy buscando. Llegados a este punto, mi única vía de escape.


Entonces descubro que es un gatito naranja. Me mira con sus ojos verdes, tan redondos y brillantes; creo que necesita un mimo.


Mi mano, temblorosa, acaricia su pelaje. La sacudida que percibo me corta la respiración. Tengo la percepción de que es… algo mucho más grande, más terrorífico que solo se disfraza para que yo lo vea.


Clavo mis ojos en sus pupilas, que se dilatan en este contacto. El cuerpo del gatito tiembla, se desdibuja; doy un paso atrás cuando se expande. Ya no es un animal. Ahora ya no tengo claro que sea miedo lo que siento. Tengo una sensación de pánico a medida que veo que me sobrepasa en altura.


Es un ser imposible de describir con una sola palabra. Podría decir que es bello, si se ajustara a algún canon de belleza conocido por la sociedad en la que vivo. Lo que tengo claro es que me remueve a un nivel visceral, como si mis órganos internos poseyeran algún material que él es capaz de atraer.


La luz se enciende en el pasillo en el que nos encontramos. Ahora puedo percibir cada detalle del ser que tengo justo en frente. Es lo más parecido a un indio sacado de una de esas antiguas películas de vaqueros que me hacía ver mi abuelo.


Este sería el jefe de la tribu, sin duda. Sus hombros anchos y desnudos están cubiertos de marcas rojas y sanguinolentas, parecen un jeroglífico indescifrable. Sujeta su pelo negro con una cinta áspera alrededor de la frente, en sus mejillas hay más marcas. Se acerca tanto que puedo olerlo.


Muy a mi pesar, huele de maravilla. Creo que este olor es nuevo para mí. Qué mal momento para encontrar mi fragancia.


Su voz, ruda, alcanza mis oídos.


—Has sido seleccionada para entrar en el Clan.


Observo hipnotizada el movimiento de su boca. No esperaba que esa voz saliera de esa boca. Me imaginaba que hablara un idioma ininteligible. Al final consigo responder.


—¿Qué coño es el Clan?


Ignora por completo mi pregunta y continúa con palabras que no le pegan en absoluto. Casi prefiero que se vuelva a convertir en monstruo-gato.


—Tienes dos opciones: colaborar o dejarte inconsciente. Yo prefiero la primera.


Hace algo parecido a encogerse de hombros. Mis ojos se abren como si me hubieran inyectado adrenalina.


—No sé quién eres, pero sal de mi casa ahora mismo o llamo a la policía.


Él arruga la cara en un gesto extraño. No parece entender mis palabras.


—No me puedo ir sin ti. Escoge ya una de las dos opciones.


Parece cabreado. Estoy segura de que, si de él dependiera, escogería dejarme KO. Y no creo tener muchas opciones contra él. Este tío, o lo que sea que es, debe ser un rival duro.


De pronto, tengo un momento de lucidez. Soy consciente de lo que toca la punta de mi dedo: la hendidura de madera en la pared. Casi lo había olvidado.


Mi oportunidad para cambiar las tornas en este juego absurdo.


Tiro con cuidado y antes de que llegue el conocido crujido, le lanzo la respuesta que sé que necesito para cabrearlo.


—Tengo una tercera opción para ti. —Mi sonrisa no puede ser más grande—. Yo me largo y tú te quedas con cara de imbécil.


Aprieto la espalda contra la pared. El clic de esta estira aún más mis labios. Siento cómo se hunde y yo giro con ella. Este escondite secreto hace que puedas ir al otro lado y bloquea el acceso para que no te puedan seguir. Así lo ideó mi padre. Siempre me he preguntado el porqué de disponer de un mecanismo así. Ahora me cuestiono si mi progenitor tenía alguna idea de que esto pudiera pasar.


Antes de desaparecer observo la extraña expresión del desconocido, como si no esperara este desenlace. El brillo en sus ojos me recuerda a una noche de tormenta eléctrica. Cuando desaparece de mi campo de visión, tengo la absurda sensación de que dejo atrás algo importante. Pero estoy a salvo, eso es lo que cuenta, ¿no?


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Todo sobre el RomaWrimo aquí.

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